CARTA A LA CASA QUE DEJAMOS
Querida casa:
El otro día, por última vez, mi esposa y yo volvimos a verte; estabas vacía. Y fue extraño.
Durante más de doce años hicimos todo lo posible por llenarte; pusimos muebles, cuadros, bibliotecas llenas de libros, música por todos los rincones, ropa y montones de objetos. Pero, sobre todo, personas y en especial: nuestros hijos. Nosotros. Nuestra vida.
Y ahora que ya no quedaba prácticamente nada, descubrí algo que nunca había pensado: vacía parecía más llena que nunca.
Al entrar a las habitaciones, volví a ver a mis cinco hijos. No como son hoy, como fueron y, por un instante, estaban todos ahí. También estaba yo con mis 51 años; no estaba canoso y, todavía, mi barba no era blanca.
Casa, te había construido pensando en ellos; en nosotros y no sabía, entonces, todo lo que iba a ocurrir entre tus paredes.
Nadie lo sabe al construir una casa.
Uno dibuja habitaciones; calcula metros; elige materiales; decide dónde irá una mesa, pero no puede dibujar lo verdaderamente importante.
No existe un plano para una sobremesa. No se pueden calcular los metros cuadrados de una carcajada. Ningún arquitecto puede decidir dónde ocurrirá una conversación que recordaremos veinte años después. Y tampoco podemos saber desde qué puerta veremos, algún día, marcharse a nuestros hijos.
Casa, vos viste todo eso. Viste crecer a nuestros cinco hijos. Después, los viste irse. Algunos muy lejos: Londres, Boston. Otros lugares. Otros proyectos. Sus propias vidas.
Para eso, mi esposa y yo los criamos.
Aunque nadie nos explica demasiado bien qué hacer con el silencio que queda después.
Casa, caminé por vos intentando escuchar algo. Quizás buscaba aquellas voces, y pensé en Wish You Were Here: Ojalá estuvieras acá.
Pero enseguida comprendí que no era exactamente eso, porque estaban. Todos estaban, solo que de otra manera. Estaban en algún lugar de nuestra memoria.
Gabriel García Márquez escribió que la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla.
Tal vez por eso, Casa, mientras te recorríamos, mi esposa estaba viendo una casa y yo otra. Y, seguro, nuestros hijos recordarán cinco casas diferentes; pero todas, serán vos.
Hace tiempo escribí que la memoria hace del pasado, presente.
Ahora creo entender mejor aquella frase.
Recordar no es volver.
No puedo regresar a mis 51 años, mis hijos no volverán a ser aquellos chicos; vos ya no volverás a ser nuestra Casa. Y está bien. El tiempo hizo su trabajo.
Ahora nos corresponde hacer el nuestro: recordar. No para quedarnos; para seguir.
Cuando nos fuimos, mi esposa y yo cerramos la puerta por última vez.
Pensé que iba a sentir que dejaba algo atrás, pero ocurrió exactamente lo contrario: comprendí que me estaba llevando todo aquello que realmente importaba.
Las paredes quedaron. Los recuerdos vinieron conmigo.
Durante un tiempo estaremos en otro lugar; después llegará otra puerta; otra casa y volveremos a colocar nuestros muebles, nuestros libros, nuestros cuadros, nuestra música. Muchas de las cosas que estuvieron con vos, Casa, encontrarán allí un lugar diferente. Nosotros también.
Y algún día, sin darnos cuenta, una cena cualquiera se convertirá en un recuerdo.
Una conversación; una visita de nuestros hijos; una canción; una Navidad; un fin de años; un cumpleaños; un grito de gol; algo que todavía no sucedió y que quizás dentro de muchos años recordaremos como si hubiera sido inevitable.
Entonces pienso en algo que escribí hace poco: el origen no siempre está detrás. A veces está adelante.
Quizás nuestro próximo origen nos esté esperando en habitaciones que todavía no habitamos, y llevaremos hasta allí nuestra historia.
No para reconstruirte; no tendría sentido; sino para empezar otra vez.
Gracias por aquellos doce años.
Gracias por haber guardado nuestras voces, nuestras alegrías, nuestras discusiones, nuestros silencios, nuestros gritos de gol, nuestros enojos.
Gracias por haber sido el lugar al que durante tantos años llamamos Casa.
Yo te construí.
Pero ahora, mirándote por última vez, comprendí algo que nunca figuró en ninguno de mis planos: vos también construiste una parte de nosotros.
Adiós.
Y gracias.
Omar Lares
