CARTA AL ORIGEN
Querido Origen:
Creo que siempre llegamos tarde a buscarte: cuando alguien se va, cuando algo termina, cuando una relación cambia, cuando un proyecto fracasa. O cuando finalmente sucede aquello que durante mucho tiempo creímos que nunca sucedería.
Entonces miramos hacia atrás y nos preguntamos:
–¿Dónde empezó todo?
Y ahí aparecés vos, Origen.
Aunque casi nunca donde te imaginábamos.
Porque El Origen de las cosas rara vez coincide con el momento en que nos dimos cuenta de ellas. Eso me sucedió a mí, con mi amor, cuando me enamoré a primera vista. La ví pasar por delante de mí; ella, con su andar, me hizo levantar de una silla para mirarla.
Como puede suceder con una amistad, no comienza necesariamente el día en que dos personas se conocen. Al igual que puede suceder con una vocación, capaz pudo haber nacido en una conversación que ya olvidamos. O una despedida puede empezar mucho antes del último abrazo.
Diría que hasta algunas derrotas comienzan mientras todavía creemos que estamos ganando.
Hace unos días volví a ver El Origen, dirigida por Christopher Nolan. La película juega con la posibilidad de introducir una idea tan profunda en una persona que la termina sintiéndola como propia.
Ese argumento me hizo pensar mucho, ¿cuántas ideas habrán sido sembradas alguna vez dentro de nosotros sin que pudiéramos reconocer el momento exacto?
Pudo haber nacido con una palabra de nuestros padres o de un maestro; de un libro que leímos; de una canción que escuchamos; de una humillación que sufrimos; de un abrazo que nos dimos con alguien; o de alguien que alguna vez nos dijo “vos podés”.
En mi caso mi padre me dijo: “estudiá”. Y eso hice. Y mucho.
O simple como que alguien nos dijo exactamente lo contrario y nos obligó a demostrarle que estaba equivocado.
¿Cuántas decisiones, que creemos nuestras, comenzaron allí?
Al finalizar la película, me quedé escuchando Time, de Hans Zimmer. Es un tema que empieza despacio: nada inicial, unos pocos sonidos, hasta que después crece mucho.
Y pensé que tal vez vos, Origen, seas así. Nunca llegás haciendo ruido. El ruido viene después. Entonces fui a mi playlist de Pink Floyd y volví a escuchar Time. Hermosa canción.
Y apareció otra idea:
Pasamos buena parte de nuestra vida mirando hacia adelante, convencidos de que todavía tenemos tiempo.
Pero cuando finalmente queremos comprender quiénes somos, hacemos exactamente lo contrario: miramos hacia atrás. Entonces te buscamos. Buscamos el origen.
Tal vez por eso alguna vez volvemos a la casa donde crecimos; volvemos al barrio; volvemos a caminar una calle, a escuchar una canción, a mirar una fotografía; buscamos a una persona que no vemos desde hace años y otras tantas cosas más.
No queremos regresar. Pero sí, queremos comprender; saber en qué momento empezó el camino que terminó trayéndonos hasta acá.
Quizás nunca encontremos una respuesta exacta.
Porque una vida no comienza una sola vez.
Tenemos muchos orígenes: el día que nacemos; el día que amamos; el día que descubrimos una vocación; el día que somos padres; el día que perdemos; el día que nos equivocamos de verdad.
También el día que decidimos empezar otra vez. Tardé bastante en entender esto último, porque el origen no siempre está detrás. A veces está adelante. Puede que ocurra mañana. Puede que surja de una conversación; de una decisión; de una persona que todavía no conocemos; de una idea aparentemente insignificante. De una primera nota.
Y quizás, dentro de muchos años, volvamos a mirar hacia atrás intentando descubrir dónde comenzó todo.
Sin saber que puede estar comenzando ahora.
Con admiración,
Omar Lares
