top of page

CARTA A MESSI

Querido Lionel:
 
No sé si alguna vez leerás estas líneas. En realidad, eso es lo menos importante.
 
Quería escribirte porque el fútbol suele quedarse con el resultado, mientras que la vida siempre termina recordando el viaje.
 
El fin de semana, antes de la gran final, fui a ver la última película de Christopher Nolan, La Odisea. Homero cuenta la historia de un hombre que regresa después de una guerra. Todos hablan de sus victorias, pero él sabe que el verdadero combate ocurrió durante el camino.


Eso me hizo pensar en vos.
Muchos dirán que una final se gana o se pierde. Que un campeón levanta una copa, el otro vuelve con un segundo puesto que nadie recuerda y las manos vacías. Yo no lo creo.


En mi adolescencia, hace muchos años, escuché por primera vez la canción Vencedores vencidos, escrita por el Indio Solari. Siempre me pareció una contradicción hermosa. Con el tiempo entendí que no lo era.


Hay personas que pueden ser vencidas en un escenario y, sin embargo, seguir siendo vencedoras en la vida.
Vos conocés mejor que nadie esa diferencia.


Te vi perder finales que parecían injustas. Te vi llorar. Te vi dudar. Incluso te escuché decir que la Selección ya no era para vos. Y también te vi volver.
Ahí empezó tu verdadera grandeza.


Porque cualquiera puede sonreír cuando gana. Lo extraordinario es encontrar fuerzas para regresar cuando el mundo cree que ya no vale la pena. 


Fuiste vencido alguna vez en un campo de juego, pero jamás dejaste de ser vencedor en aquello que realmente importa: la humildad, el esfuerzo silencioso, la perseverancia, el respeto por tus compañeros y la decisión de seguir creyendo cuando tantos habían dejado de hacerlo.


Por eso pienso que te parecés un poco a Odiseo. No porque ambos hayan ganado todas sus batallas, sino porque ninguno dejó que una derrota definiera el final de su historia.
 
Gracias por enseñarnos que las grandes conquistas empiezan mucho antes del último silbato.
Y que, a veces, la mayor victoria consiste simplemente en volver a intentarlo.

 

 
Con admiración, 
Omar Lares 

bottom of page